“El mobiliario sí importa en la escuela”
La diseñadora holandesa Rosan Bosch está revolucionando los
espacios educativos ligados a nuevas metodologías de enseñanza
Madrid 15 FEB 2016 -
Rosan Bosch (Utrecht, 1969) es uno de los rostros
más visibles de la innovación educativa a través del diseño de nuevos espacios
y mobiliario. Con más de una decena de colegios construidos en Dinamarca y Suecia (de
ellos, nueve son públicos) o en ciudades como Abu Dabi, Bosch apuesta por la eliminación de las aulas
con filas de pupitres mirando a una pizarra, por el derribo de los muros en las
escuelas y por los espacios diáfanos en
los que el niño decide dónde quiere aprender.
Su máxima es que los estudiantes tomen decisiones desde el
principio y escojan lo que más les interesa, porque en el mundo actual, según
la propia diseñadora, “ya no vale trabajar bajo las directrices de un jefe; el
mercado demanda perfiles que sepan pensar de forma independiente y tomar la
iniciativa sin miedo a equivocarse".
Bosch estudió en un colegio Montessori,
un método desarrollado a principios del siglo XX por la doctora italiana Maria
Montessori basado en la idea de que los más pequeños aprenden de forma natural
si se les permite seguir sus instintos. Pero su interés por la innovación
educativa no le viene de ahí, sino de la desmotivación con la que sus propios
hijos volvían de la escuela.
Pregunta. ¿Cómo puede influir el diseño en la
forma de aprender?
Respuesta. Tal y como están concebidas las aulas,
los niños llegan a clase, se sientan en un silla y se limitan a escuchar y a
hacer lo que les dice el profesor. Es antinatural tener a estudiantes tan
pequeños inmóviles en sus pupitres sin la posibilidad de desplazarse libremente
y encontrar el entorno en el que se sientan más cómodos. Los seres humanos
somos diferentes y nuestro cerebro funciona de forma distinta. Hay niños que necesitan
total tranquilidad para procesar nueva información y otros que lo hacen mejor
de forma colaborativa. La escuela moderna tiene que adaptarse a esa realidad y
el diseño del espacio puede cambiar el modo de pensar, funcionar y reaccionar.
Este tipo de estructuras más flexibles incentivan al niño a tomar sus propias
decisiones. No se trata de poner ruedas a las sillas y a las mesas, sino de
permitir la libertad de movimiento de los chicos. Es muy difícil cambiar la
mentalidad de la comunidad educativa, y el espacio físico ayuda porque crea una
nueva realidad.
P. Se habrá encontrado con detractores que
piensen que dejar al niño decidir puede perjudicar su disciplina.
R. Los niños no son animales salvajes que
necesiten reglas rígidas. Una vez que les explicas que disponen de diferentes
estancias para la lectura en solitario, para el debate, para el trabajo en
grupo y también para escuchar las lecciones del profesor, lo entienden
perfectamente y se adaptan. El formato del niño fijo en una mesa tiene mucho
que ver con la disciplina y poco con el aprendizaje. El sistema tradicional les
entrena para escuchar largos discursos sin aburrirse, y eso resulta imposible
hasta para un adulto, que no aguanta más de 20 minutos de charla sin
desconectar. Esos niños van a vivir en una sociedad totalmente diferente. Las
nuevas generaciones tendrán que adaptarse a trabajos que aún no existen y
detectar sus carencias. Se necesita gente que de forma independiente pueda
aprender nuevas habilidades y conocimientos. Ser pasivo y actuar solo bajo las
directrices de terceros ya no funciona.
El estudio
de Rosan Bosch, con sede en Copenhague, ha investigado los
diferentes procesos de aprendizaje basándose en los trabajos del educador
británico David Thornburg. En su libro From the Campfire to the
Holodeck, publicado en noviembre de 2013, definió los cuatro espacios idóneos que todo
colegio debería ofrecer. Los espacios Campfire (en
español, hogueras de campamento) para la lectura colectiva; losWatering Holes (abrevaderos) para los debates
entre alumnos; las Caves(cuevas) como
lugares tranquilos para la reflexión; y los Life (vida)
para compartir con otros compañeros lo que se ha aprendido
P. ¿Por qué cree que es prioritario un
espacio que favorezca el trabajo en equipo?
R. El mundo se ha vuelto global. Ahora se
trabaja con personas de diferentes culturas. Mis reuniones de trabajo, por
ejemplo, son a través de plataformas online con
colaboradores en Dubái oMichigan. En los
exámenes de la escuela no se mide el liderazgo, ni la capacidad de aprender por
uno mismo o las fórmulas para colaborar de la mejor forma posible. Tampoco cómo
buscar información y contrastarla o saber concentrarse cuando hay muchas
distracciones. Todo eso no se evalúa en el colegio y son capacidades básicas en
el mundo real.
En España, es
especialmente difícil innovar porque la gente tiene miedo al cambio. Cuando
llegan arquitectos o diseñadores españoles a mi estudio, necesitan un par de
meses para entender nuestra dinámica de trabajo. Ellos esperan recibir
instrucciones y quieren un feedback continuo
para saber si van por el buen camino. Eso a mi no me vale, yo quiero gente
proactiva que marque sus propias líneas de trabajo sin necesidad de una
supervisión continua.
P. Después de más de diez años dedicada a
las galerías de arte, ¿cómo dio el giro hacia la educación?
R. Cuando mis dos hijos comenzaron la
escuela estaban deseando aprender, todo les generaba curiosidad. Poco a poco,
cada vez volvían a casa más desmotivados, hablaban de la escuela como un lugar
aburrido y solo les contentaba planear qué harían en su tiempo libre. Fui a
hablar con la profesora y me dijo que lo sentía pero que estaba sola con 30
niños y que no disponía de más recursos. Me explicó que había niños que seguían
la clase y otros que se distraían. En ese momento ya me había dado cuenta del
diseño y su poder de seducción, así que decidí emplearlo en la educación.
Empecé a trabajar con pedagogos, profesores y padres. El proyecto de
transformación tenía que ser integral.
P. ¿Cuál fue la primera escuela con la que
trabajó?
R. Fue en el año 2006 en un colegio de
Gentofte, un pueblo cercano a Copenhague. El ayuntamiento puso en marcha en
1999 un proyecto para transformar doce escuelas públicas y yo me encargué
posteriormente de una de ellas, la Hellerup School. Durante tres semanas nos
colamos en las aulas para ver la forma de trabajar y de moverse de los alumnos
y profesores y detectamos que el problema principal era la rigidez del espacio.
Permitimos a los niños sentarse en el suelo y trabajar a la luz de una lámpara,
colocar post it con sus ideas debajo de las mesas o leer
en solitario en tubos circulares. Los profesores, que al principio se mostraban
reacios, se dieron cuenta de la importancia de contar con diferentes espacios
para la concentración o la colaboración entre los niños y ahí jugaba un papel
esencial el mobiliario y su distribución en el aula.
P. ¿Le resultó complicado contar con la
colaboración de los profesores?
R. Todo cambio resulta doloroso y al
principio todo parecía abocar a la catástrofe. Para que los profesores se
sientan cómodos, tienes que trabajar con ellos, y cuando empiezan a ver los
resultados, son los primeros en entusiasmarse. Estamos acostumbrados a pensar
que los profesores no se reciclan, que durante toda su trayectoria manejan los
mismos contenidos y no tienen necesidad de actualizarse, algo que no sucede con
otras profesiones como los médicos. Ha llegado el momento de remover los
cimientos de la educación, tenemos que ser justos con lo que los niños merecen.
En el caso de este
colegio, los resultados fueron excelentes, los niños venían entusiasmados a
clase con ganas de explorar las nuevas formas de aprendizaje; las filas de
pupitres habían desaparecido. La transformación del espacio físico es el primer
paso para poder cambiar la metodología de enseñanza y para que todo esto suceda
hace falta la colaboración de los profesores
P. Las fotos de sus escuelas denotan
grandes inversiones económicas. ¿Qué le diría a los colegios que quieren
cambiar pero no disponen de tantos recursos?
R. El objetivo no es crear espacios bonitos,
sino que contribuyan al cambio. Se pueden hacer proyectos low cost encargando mobiliario a carpinteros
locales. No hay un fórmula única, cada escuela tiene que trabajar para
encontrar la suya.
P. ¿En qué otros proyectos de innovación
educativa ha participado?
R. Fui asesora en el proyecto Building Schools for the Future,
impulsado en el año 2000 por el Gobierno británico para remodelar todas las
escuelas de secundaria del país antes de 2020. Fue muy enriquecedor participar
en coloquios con expertos de diferentes partes del mundo, pero la parte
negativa fue la desilusión que generó en el profesorado la paralización del
proyecto como consecuencia de la crisis en 2010.
En otros países
como Estados Unidos, los proyectos en los que participa
Rosan no debaten sobre la conveniencia de que los niños permanezcan sentados o
no. Allí las discusiones están ya en otro nivel. Es el caso del colegio Academy
for Global Citizanship en Chicago, donde están desarrollando un programa en el
que los niños deben pasar el 25% de su horario escolar fuera de la escuela para
estar en contacto con el mundo real. “Tienen que pagar en comercios y calcular
las vueltas o conocer cómo funcionan los mercados de alimentos. Aprender a
desenvolverse desde pequeños”, explica Rosan. Las paredes y los techos del
edificio serán de cristal, para saber si llueve o no o si las temporadas de
calor se extienden más de la cuenta. Es un centro educativo sostenible donde
los niños tienen que ser conscientes de lo que le pasa al planeta.
Rosan Bosch inauguró la pasada semana su primer trabajo en España,
una nueva estancia para los niños de tres a seis años en el colegio
privado Liceo Europa de Zaragoza.
En los próximos meses tiene previsto abrir un nuevo estudio en Madrid.



Es un ambiente genial el de estos coles; ¡me chiflan! Pero, Josetxu, hay inversión... De acuerdo que aquí se podrían cambiar bastantes cosas y tal vez se puede ajustar el coste, pero yo conozco colegios que este lunes amanecieron anegados de agua y no hay manera de que les adecenten los tejados...
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