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martes, 8 de marzo de 2016

Ni exámenes, ni asignaturas, ni horarios rígidos.

Lunes 7 de septiembre de 2016

La primaria ensaya un futuro sin asignaturas ni exámenes

Ni asignaturas, ni exámenes, ni notas. La santa trinidad de la educación tradicional salta por los aires en un número creciente de escuelas. Aún son minoría, pero estos centros ponen sobre el tapete la necesidad de dar la vuelta a un sistema que muchos consideran obsoleto.

Lo de eliminar horarios y exámenes, al menos parcialmente, es la parte más llamativa de estas iniciativas. En realidad, se trata de una pieza más dentro de un cambio profundo, sistémico, que intenta responder a una pregunta fundamental: ¿Cómo ha de ser la escuela del siglo XXI?

Del tema se habló ampliamente en Barcelona a principio de mes, durante la celebración del ITworldEdu, un certamen sobre innovación educativa ligada a la tecnología. Allí, Richard Gerver, profesor británico que asesora a varios gobiernos en materia de educación, hizo un llamamiento a derribar los muros de la escuela del siglo XIX, la que, según él, todavía predomina en cualquier país del mundo. Colegios en los que sigue sonando el timbre para que los niños cambien de materia o salgan al patio, “como en una fábrica”. Es la educación de la sociedad industrial. “Pero ahora estamos en la sociedad del conocimiento, ¿o no era así?”, planteaba Gerver.

Estas inquietudes están muy cerca, no sólo en boca de gurús internacionales y congresos. No hay más que pasarse por las jornadas de puertas abiertas de escuelas e institutos estos días. Se vio, por ejemplo, en las sesiones informativas de la escuela pública El Martinet de Ripollet (Vallès Occidental), el mes pasado. Muchos padres quedaron sorprendidos al descubrir que allí no existen horarios ni “la clase de matemáticas, la de lengua o la de inglés”, sino que los contenidos se aprenden de forma transversal en torno a un centro de interés o proyecto -la Luna, la historia del tiempo, el número pi…-; que los alumnos no realizan exámenes al uso, sino que están sometidos a una evaluación continua, y que, por lo tanto, los padres tampoco reciben calificaciones numéricas de sus hijos, sino un informe sobre lo que el alumno ha aprendido y lo que no.

El caso más notorio de esta “nueva educación” estos días es el de las escuelas Jesuitas de Catalunya, un proyecto que ha captado la atención del sector educativo del país. Bajo el nombre de “Horizonte 2020“, los ocho centros que integran la red se han embarcado en un cambio radical. Aparte de eliminar horarios y asignaturas, han modificado el espacio de la escuela, han unido grupos de alumnos y profesores, han creado una nueva etapa intermedia que unifica los cursos de 5º y 6º de primaria con los de 1º y 2º de ESO… Este curso tres centros realizan una prueba piloto y en cinco años, los 13.000 alumnos de estas escuelas trabajarán con la nueva metodología.
Una transformación parecida ha emprendido la Escola Pia. Los veinte colegios que integran el grupo, con 20.000 alumnos, han preparado durante cuatro años una metamorfosis educativa que iniciarán el curso que viene en tres escuelas. Poco a poco la extenderán a todos sus centros.

En la red pública, cada vez más escuelas de primaria trabajan de una forma similar, aunque en la secundaria resulta más difícil encontrar iniciativas de este tipo. Una excepción: la red de institutos innovadores que coordina el Institut de Ciències de l’Educació de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

El Institut-Escola Les Vinyes (Castellbisbal) forma parte de esta red. En infantil y primaria todo el currículo se reparte entre “rincones, ambientes y proyectos”. Los ambientes serían lo más parecido a una asignatura tradicional, explica Boris Mir, su jefe de estudios. Está el rincón de matemáticas, de lengua… donde los alumnos adquieren conocimientos básicos. Luego, los ambientes imitan situaciones de la vida real, y en los proyectos los estudiantes elaboran trabajos en grupo.

En la secundaria, cada profesor imparte dos asignaturas y se crean equipos docentes encargados de cada uno de los cursos. La enseñanza se organiza en ciclos de entre tres y cuatro semanas: las dos primeras los alumnos tienen clases “más tradicionales”, y luego realizan un trabajo globalizado, donde las diferentes disciplinas se funden para dar respuesta a una pregunta o desafío. ¿Se puede medir la belleza? ¿Quiénes somos? ¿Estamos realmente en el año 2015? ¿Qué desigualdades perduran? Son cuestiones que los alumnos han trabajado, y aquí se integran las lenguas, las matemáticas, la tecnología o la historia. Redactan documentos, buscan información, se organizan para crear una exposición, una revista o una producción audiovisual que responda a estas preguntas. “Esta metodología también nos permite trabajar habilidades sociales, la organización, la colaboración, la creatividad, la empatía… capacidades que la sociedad actual reclama y que la escuela tradicional no potencia lo suficiente”, afirma Mir.

En la escuela jesuita Infant Jesús, de Barcelona, la clase de 5.º de primaria se ha organizado en grupos para elaborar una línea del tiempo, de la prehistoria a nuestros días. Las tres profesoras que están con los 50 alumnos explican el nacimiento de la antigua Grecia y Roma y aportan recursos de internet, los alumnos buscan información en catalán, castellano e inglés; realizan una línea del tiempo a escala, sitúan en un mapa interactivo ciudades y hechos históricos… “Así es divertido trabajar. El año pasado, con las asignaturas normales, todo era más aburrido”, asegura un grupo de alumnas.
“Uno de los objetivos de nuestro cambio es luchar contra el absentismo emocional, niños que vienen a la escuela por obligación, pero que no disfrutan del hecho de aprender”, relata el director del Infant Jesús, Joan Blasco. “En la vida no tenemos problemas de matemáticas, lengua o geografía, sino problemas en general, así que es lógico que la escuela funcione de forma interdisciplinar, y potenciando habilidades y actitudes más allá de los conocimientos académicos”, añade el director general de la Escola Pia, Joan Vila.

La Lomce va en el sentido contrario, con un currículo muy detallado de cada asignatura y poniendo el énfasis en las notas numéricas desde primaria. De todos modos, los profesores consultados consideran que las escuelas tienen margen de maniobra para seguir con sus proyectos pese a los currículos oficiales.

Eso sí, en los centros públicos reclaman más apoyo para llevar a cabo estas experiencias innovadoras, que en la red concertada suele ser más fácil de instaurar. “La innovación en las escuelas está tolerada, pero no apoyada”, coinciden Boris Mir y Rosa Sardà, directora de Les Vinyes. Una de las principales dificultades que encuentran es la inestabilidad de la plantilla. “Sobre todo en la ESO; poder escoger el profesorado resulta fundamental para mantener estos proyectos”, continúan.


El cambio en la escuela, defienden todos, se vuelve imperativo.

sábado, 13 de febrero de 2016

11 de febrero: día internacional de la mujer y la niña en la ciencia . Artículo denuncia del androcentrismo

ONDAS GRAVITACIONALES. EN MEMORIA DE MILEVA MARIC

Un grupo de científicos ha demostrado esta misma tarde la existencia de las ondas gravitacionales y el mundo entero is living a celebration. Los responsables de este experimento llamado Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory -LIGO, el Álvaro Reyes de la física- abren una nueva era en el conocimiento de la astronomía. Las ondas gravitacionales son unas ondulaciones del espacio-tiempo producidas por un cuerpo masivo acelerado, como las olas que se forman en el río cuando tiras un cadáver a las cinco de la mañana. Además, la frecuencia de algunas de estas ondas coinciden con las del sonido, permitiéndonos así ser radioyentes del Spotify del universo.

Este descubrimiento está resultando ser uno de los hallazgos más importantes del siglo XXI, que si lo piensas bien sólo llevamos 15 años dentro de él y tampoco es para tanto.

Pero me parece más importante hablar de otra cosa, alejada, si así lo queréis, de la ciencia. Sostengo mi tesis en la experiencia de una vida entera coexistiendo en el patriarcado, el más empírico de todos los métodos científicos. Allá voy,

Las portadas de los diarios, boletines, gacetas y rotativos vuelven a ovacionar a Albert Einstein con el descubrimiento de las ondas gravitacionales, ese entrañable abuelito de pelo cano que saca la lengua en los pósters que puedes comprarte en el Rastro por 6,99e. ¿Por qué esto supone tanta rabia en el cuerpo de esta sexy feminista? Porque hoy no solamente es el día en que el mundo celebra el descubrimiento de estas ondas, hoy el mundo también reivindica el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia y parece que se nos ha olvidado.

La historia científica, como buena hermana de cualquier rama histórica, parece olvidar en todo momento la mitad de cada narración.

Mileva Maric se gradúa en el año 1890, obteniendo la máxima calificación en Física y Química. Es aceptada como estudiante privada en el Colegio Real de Zagreb como excepción puesto que el centro sólo admitía hombres. En 1896 sería la quinta mujer que consigue acceder al Instituto Politécnico de Zúrich y continúa sus estudios de física y matemáticas. Allí conoce al que años más tarde sería su marido, Albert Einstein.

En 1901, Mileva queda embarazada, lo que la impide terminar el único examen que le queda para concluir sus estudios. Se recluye en la casa de su hermana y Albert la presiona para dar en adopción a la niña puesto que no sería hasta dos años más tarde que se casaran y él no podía consentir esa deshonra. Jamás admite a su propia familia que ha sido padre.

Ella continúa sus investigaciones sobre la teoría de los números, cálculo diferencial e integral, funciones elípticas, teoría del calor y electrodinámica. También trabaja junto a su compañero en lo que conocemos hoy como la Teoría de la Relatividad. En toda la correspondencia que encontramos tanto de Albert como de Mileva, podemos leer que ambos hablan de la autoría conjunta de la Teoría, de hecho su inicio se encuentra en la tesis que Mileva escribe y presenta al profesor Weber, en la propia universidad de Zurich.

En los años de matrimonio y de elaboración de la Teoría de la Relatividad, Albert Einstein da clases, conferencias de física y tiene sexo con guapas amantes ,entre ellas su propia prima. Mientras, Mileva Maric cuida de la casa, alimenta a su familia, gestiona la economía doméstica, cría a dos hijos (uno de ellos con una fuerte lesión cognitiva) y ayuda a Einstein en la preparación de esas clases y conferencias.

Cuando se mudan a Berlín, el maltrato al que somete a Mileva llega al máximo límite de violencia llegando a escribir estas aberrantes imposiciones de convivencia:

Tendrás que encárgate de que:
Mi ropa este siempre ordenada.
Se me sirvan tres comidas diarias en mi cuarto.
Mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y de que nadie toque mi escritorio.
Debes renunciara todo tipo de relaciones personales conmigo, con excepción de aquellas requeridas para el mantenimiento de las apariencias sociales.
No debes pedir que:
Me siente contigo en casa.
Salga contigo o te lleve de viaje.
Debes comprometerte explícitamente a observar los siguientes puntos:
No debes esperar afecto de mi parte y no me reprocharas por ello.
Debes responder inmediatamente cuando te dirija la palabra.
Debes abandonar mi dormitorio o mi estudio en el acto.
Prometerás no denigrarme cuando así te lo demande yo ante mis hijos, ya sea de palabra o de obra.

En 1919, Mileva Maric consigue negociar durante el divorcio que si a Einstein le nombran Premio Nobel, le tendría que dar parte del premio en reconocimiento a su trabajo. Cuando llega el momento y finalmente es premiado con el máximo reconocimiento en el mundo de la física, Albert Einstein le entrega a su exmujer, con todo el odio de su corazón, la cantidad íntegra del Nobel quizá por miedo a que lo destapara. Ella utiliza este dinero para el tratamiento de la esquizofrenia de su segundo hijo.

En 1936, Albert Einstein llega a negar las ondas gravitacionales que hasta ese momento habían formado parte de la ya famosísima teoría, cosa que jamás hace Mileva.


Muere sola en el hospital en 1948, pero hace mantener en su lápida el apellido Einstein como forma de reivindicar que ella es la madre de la Teoría de la Relatividad y la verdadera merecedora del Premio Nobel de Física.